Entrevista a Alejandro Hernández autor de Oro ciego
Desde aquí desde España tenemos una imagen de la guerra de Cuba muy nostálgica, en cambio tú nos ofreces la realidad y por lo visto fue muy sanguinaria. ¿Es realmente así?
No fue una guerra de grandes batallas, pero los combates eran duros. La falta de municiones por parte de los mambises los obligó a buscar siempre el cuerpo a cuerpo utilizando el machete como principal arma. Leí descripciones de soldados que vieron morir a sus compañeros a machetazos y juraban que preferían pegarse un tiro a pasar por algo así. De todas formas lo más sanguinario de la guerra no estuvo en los combates sino en el sufrimiento de la población civil (tanto española como cubana). La política de tierra quemada de los mambises sumada a la reconcentración de Weyler llevaron al país a una situación de hambre y desesperación absoluta. Un auténtico infierno.
¿El ejército cubano acepto la ayuda Estadounidense como un mal menor?
Salvo algunos jefes mambises, la mayoría veía bien que Norteamérica entrara en la guerra. Tal vez fueron demasiado ilusos, o simplemente pragmáticos. A principios de 1898, tras el fracaso de Weyler y su plan de pacificación, el ejército español estaba en una situación muy precaria, desgastado por tres años de guerra irregular que no parecía remitir, pero aún no estaba derrotado, podía haber aguantado varios años más. ¿Cuántos? No lo sé, tal vez dos, o cinco... los cubanos sabían que la entrada de Estados Unidos era la única forma de acelerar el fin de la guerra. En cualquier caso, no tuvieron que aceptar la ayuda norteamericana porque no se les preguntó si la querían. Washington no pidió permiso para entrar en la guerra. Decidieron hacerlo por sus propios intereses, y a los cubanos no les quedó más remedio que asumirlo, aunque luego vieran que aquello tenía un precio... como todo en la vida.
Algunos personajes ya en aquella época hablaban de la independencia cubana con poca ilusión, puesto que pasan de ser explotados por unos a hacerlo por otros ¿debe ser más actual que nunca no?
A la inmensa mayoría de los cubanos de aquella época lo que les preocupaba era la libertad económica de poder negociar con quienes ellos quisieran. La política de impuestos de Madrid y su negativa a darle a los cubanos una mínima autonomía llevó a la guerra. No fue una guerra por la patria, sino por el derecho a decidir con quien comercio. Hoy día ocurre algo parecido, la gente en Cuba está muy quemada, pero no porque no haya democracia, a la mayoría le da igual que exista un partido o cien, lo que quieren es ponerse un negocio y prosperar, o comprarse un coche o poder salir al extranjero sin pedir permiso, o instalar una antena parabólica para ver lo que les dé la gana y no los discursos de la televisión oficial, o tener acceso a Internet. Todo eso está prohibido. Para mí ése es uno de los errores de la revolución, que está atrincherada en un inmovilismo muy parecido al de España, hace más de cien años.
A fin de cuentas los protagonistas persiguen el dorado, como en tantas otras novelas. Sin embargo parece que tú te has aprovechado de la trama para explicar otras cosas ¿era esa tu intención?
Absolutamente. Utilizo la aventura del oro como pretexto para contar una historia de personajes, una historia de ilusión, de traiciones, de miedos, de dolor, de esperanza. De cosas humanas. Alejo Carpentier decía que le fascinaba la capacidad de muchos escritores de best seller para crear argumentos trepidantes y originales, la pena es que luego fallaban en la construcción de personajes, en el arte de darle dimensión a esas novelas. A mí como escritor y como persona me interesa la aventura, los viajes, las experiencias fuertes, pero también me interesa la sicología, las contradicciones que todos llevamos dentro, los conflictos pequeños. Y creo que a la hora de hacer literatura, nada es excluyente.
¿Fueron las enfermedades muy determinantes en la guerra?
Más que ninguna otra cosa. España perdió en la guerra de Cuba casi 45 mil soldados... de los cuáles sólo 3 mil murieron en combates, el resto pereció de fiebre amarilla, paludismo y otros males. En los meses de junio, julio y agosto los generales cubanos prácticamente no combatían, dejaban que el calor y las enfermedades se hicieran cargo de las tropas españolas, por cierto, muy mal alimentadas por sus mandos. Lo curioso es que desde 1882 el médico cubano Carlos Finlay había intentado convencer a las autoridades sanitarias de que el causante de la fiebre amarilla era un mosquito. Si le hubieran hecho caso y tomado las medidas adecuadas (como obligar a usar mosquiteras en los campamentos militares o fumigar), España se hubiera ahorrado miles de muertos. En eso los yanquis demostraron ser más listos, en cuanto cayeron sus primeros enfermos llamaron a Finlay y le encargaron un plan de saneamiento nacional. Poco después se lo llevaron al canal de Panamá, donde hoy tiene una estatua.
¿Se puede leer la novela en cuba y si es así que opinan?
Me encantaría que se pudiera leer allí, pero es muy difícil distribuirla de forma oficial porque el estado tiene el monopolio editorial, tendría que pasar muchos filtros. No es para nada una novela política, pero alguien podría sentirse incómodo con ciertos elementos de la novela, por ejemplo que mi protagonista es un mambí al que la independencia le importa un carajo. Eso es poco patriótico. Y no queda bien.
En los agradecimientos salen tus padres, porque te han ayudado en la documentación ¿te ha costado mucho encontrar datos de la época?
Una novela histórica da mucho trabajo. Probablemente no vuelva a escribir otra. A mí no me bastan los datos fríos de un archivo, necesito el testimonio humano (lógicamente no me refiero a gente que estuviera viva sino a descripciones de primera mano), y ése fue el que más me costó encontrar. En Cuba visité sitios y conseguí algunos libros, pero otros tuve que encargarlos y dejar a mis padres zapateando plazas para ver si los conseguían. Internet es valioso si puedes acceder a documentos originales pero tienes que ser muy desconfiado de cualquier otra fuente. Hay mucha wikipedia mal informada. Tienes que contrastar mucho. Por supuesto, yo no soy historiador y también he tirado de imaginación, pero dentro de ciertos límites... y aún así no dudo de que se me hayan escapado cosas.
Por último dada tu experiencia como guionista ¿te gustaría hacer la película de la novela?
Me da una inmensa pereza. Sería como volver a hacer el trabajo, pero con las presiones de una superproducción... una auténtica pesadilla. No, yo vivo del cine y ya tengo bastante con las historias que escribo para ganarme la vida.
Muchas Gracias Alejandro tu novela es trepidante
Xavier Borrell.




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