“EL MAL ABSOLUTO” de José Luis Muñoz - Algaida
Esta novela estremecedora, escrita con un lenguaje desnudo y conciso, es una historia con mayúsculas. Una novela dura, sí, pero necesaria a mi entender. Caminando en el filo de la navaja entre el periodismo de investigación y el thriller histórico con tintes de novela negra, es narrada por su autor con una hábil maestría que engancha sin remedio al incauto lector.
La historia arranca cuando una periodista de la ZDF entrevista a dos personajes contrapuestos para un documental de su cadena referente al Holocausto. Primero habla con Günter Meissner, ex - oficial de la SS en el campo de concentración de Auschwitz y ahora empresario de éxito, quién le relata con increíble frialdad e incluso con altanero orgullo su labor en aquellos acontecimientos de infausto recuerdo.
A continuación entrevista a Jehuda Weis, un judío superviviente de aquella masacre que malvive en la indigencia, martirizado no sólo por dolores y enfermedades físicas, sino por su torturada mente que no puede olvidar ni por un instante los dolorosos recuerdos de su estancia en el campo de prisioneros.
La parte periodística de la trama da lugar a un thriller de ritmo asfixiante cuando la reportera de la ZDF debe visionar las entrevistas para hacer el montaje definitivo junto a sus jefes. No puede dar crédito a lo que ve y oye, teniendo que escuchar como el nazi justifica ante las cámaras lo que hicieron en esos momentos, convenciendo al posible público que visione el reportaje, haciéndoles ver que él era sólo el eslabón final de un país entero conjurado para el asesinato colectivo hasta sus últimas consecuencias: la masa que votó a un dictador, Hitler, y que luego miró para otro lado al comenzar la masacre. La ingeniería alemana, su eficacia demostrada a lo largo de los años, puesta al servicio de un proyecto no tan secreto como se nos ha dado a entender. Una maquinaria perfectamente engrasada con un único fin, acelerar el número diario de víctimas inocentes asesinadas y hechas desaparecer de la faz de la tierra.
Mientras la periodista reflexiona en voz alta sobre el tema, llega a acusar a sus amigos y familiares, queriendo saber que hicieron para oponerse a tan macabro proyecto. Ciega de rabia no puede entender el genocidio y traslada al lector su preocupación. No entiende al ser humano, no entiende la barbarie y la sinrazón de las guerras. Y deja una pregunta en el aire que deberíamos tener en cuenta. Sometidos a circunstancias parecidas a las de los personajes, ¿cómo actuaríamos nosotros? Nos recuerdan que son hechos acaecidos hace 60 años, pero de rabiosa actualidad, ya que no debemos irnos tan lejos en el tiempo para encontrar casos parecidos: la guerra de Yugoslavia, el genocidio de Ruanda, el conflicto en Afganistán o la guerra de Irak.
El ritmo de la trama se acelera cuando el judío ve el reportaje íntegro en la televisión, reconociendo en el supuesto gran empresario a su verdugo en Auschwitz, el hombre que le salvó la vida en determinadas ocasiones para después humillarle hasta tal punto que la víctima se siente casi más verdugo que el propio nazi. Les anulan tan completamente la personalidad que se ven como materia prima, como el resultado de un inexorable proceso industrial cuyo fin primordial es el asesinato de millones de inocentes. Y es entonces cuando las décadas de sufrimiento dejan paso al único fin posible: la oscura, cruel y fría venganza contra su opresor. El final de la obra, no por ser esperado, es la única salida posible para tan trágica historia.
El autor nos hace plantearnos la realidad de la condición humana, nos invita a preguntarnos cuales son las verdaderas raíces del mal absoluto. ¿Tenemos todos, como algo intrínseco, el mal en nuestra voluntad y sólo hace falta un hecho concreto para sacarlo a relucir? Interesante reflexión que no puede dejar indiferente al lector y que al jurado del XI Premio Ciudad de Badajoz convenció para otorgar el galardón a dicha novela.
ARMANDO RODERA BLASCO



