Ardores de Agosto/Foguerada d'agost, de Andrea Camilleri - Edicions 62
Llega a nuestro país la décima aventura del comisario Salvo Montalbano que, una vez más, debe enfrentarse a un crimen que nadie más es capaz de resolver. En esta ocasión, la acción trascurre en plena canícula. El calor asfixiante del mes de agosto sacude Sicilia pero Montalbano no puede tomarse vacaciones y es su eterna novia Livia quien se desplaza a Vigata, junto a unos amigos, para poder pasar unos días juntos. Los amigos que la acompañan se instalan a unos pocos kilómetros de Marinella, en una solitaria casita frente a la playa que enseguida se revelará como la peor elección posible, ya que parece maldita por una serie de plagas y desgracias. La más notable es la desaparición del hijo del matrimonio, el travieso y consentido Bruno, cuya búsqueda conducirá al comisario a un macabro descubrimiento: un cadáver de una adolescente escondido en un baúl.
A los que no hayan leído ninguna novela protagonizada por Salvo Montalbano, advertirles que se encontraran una novela negra de trama depurada, que funciona como un engranaje perfecto, protagonizada por un comisario poco convencional, que se deja guiar por su instinto y que seduce por su inmensa humanidad. A su alrededor, una galería de fieles y peculiares personajes secundarios cuyas intervenciones constituyen puntualmente un contrapunto cómico a las sórdidas investigaciones de Montalbano: sus entrañables compañeros de trabajo (Gallo, Fazio, Cattarella), el doctor Pasquano, forense gruñón pero siempre acertado, el juez Tommaseo, etc. Eso sí, aconsejarles que lean la novela con el estomago lleno, ya que las minuciosas descripciones de las comidas del comisario (tanto las de la tratoria de Enzo como las que le prepara su fiel asistenta Adelina) despiertan el apetito a cualquiera.
Para los habituales, esta última entrega prosigue en la evolución del personaje, un poco más melancólico y preocupado por su edad, y que quizás por este motivo o quizás por la influencia del calor sofocante, por primera vez le es infiel a Livia. Las referencias a la mafia son cada vez más explícitas y la denuncia de la corrupción política más contundente. Los empresarios del sector de la construcción son los que quedan más retratados, tanto por la vulneración de la ley de costas que supone el chalet donde se alojan los amigos de Livia como por el caso de la muerte de un obrero árabe por falta de las medidas de seguridad oportunas en una obra.
En conclusión, una novela relajante y entretenida, pero no por ello incompatible con interesantes y profundas reflexiones, que deja en el lector un sabor agridulce, como la vida misma.
Marta Planes






