Llevo admirando a Hanif Kureishi (Londres, 1954) desde que hiciera aquellos maravillosos guiones de Mi hermosa lavandería (1984) y Sammy y Rosie se lo montan (1986), ambos dirigidos por Stephen Frears; o sea, antes incluso de que tuviera un libro publicado, y puedo asegurar, que aunque su obra me gustó unas veces más que otras, y digo esto todo lo subjetivamente que me permite mi admiración personal por el escritor, debo reconocer que nunca me decepcionó.
Desde aquel genial y seminal libro, El buda de los suburbios (1990), tanto en su formato de novela, como en su formato televisivo (1993), hasta este Algo que contarte (2009), pasando por la conmovedora y explícita Intimidad (1998), o la banalidad de El regalo de Gabriel (2001), Kureishi se ha convertido junto a Irvine Welsh, Nick Hornby o Stephen Fry en los escritores contemporáneos ingleses que mejor han retratado su propia sociedad, sin ningún tipo de prejuicios. Las novelas, ensayos, guiones, obras de teatro o películas (aunque de estas últimas sólo tenga una: Londres me mata), de Kureishi siempre han metido el dedo en la llaga de la sociedad inglesa, tan puritana, conservadora y de clase alta, seguramente aquella a la que ahora pertenece el propio Hanif, pero eso es un derecho que él mismo se ganó a pulso.
Algo que contrate, sin duda es una de las mejores obras que Hanif nos entregó desde aquel EL buda de los suburbios, pero no sólo por su trama, sino por la facilidad con la que el anglo paquistaní nos explica los hechos.
Lo mejor del libro, descontando una trama casi policiaca, con crimen incluido, con incestos, chantajes, dramas personales, humor y sexo, el cual no podía faltar en una obra de Kureishi, es su prosa. Kureishi teje un colchón con su historia en el que nos gusta tumbarnos y dejarnos llevar por sus explicaciones. Aún contado en primera persona, por voz de Jamal Khan, psicoanalista y escritor de mediana edad, padre de un hijo adolescente y divorciado de su mujer, sentimos como si fuera la vida del propio Kureishi la que estemos oyendo y al igual que los pacientes de Jamal, nos estiramos en el diván de Kureishi para, en este caso, leer su historia.
Evidentemente, como en todas y cada una de las novelas o ensayos de Kureishi, siempre hay algo de él en ellas. Relaciones turbulentas, dolor anímico, problemas paterno filiales y un sinfín de cuestiones terrenales, que son las aguas donde Kureishi navega con su pequeño bote que siempre sale a flote.
Hace unas semanas Kureishi presentaba el libro en Barcelona, un acto al que no pude ir por encontrarme casualmente en Londres, y comentaba respecto a los personajes de la novela, desde Jamal, su protagonista absoluto, hasta Henry su mejor amigo, pasando por Miriam, hermana del protagonista, (estos dos últimos, los mejores secundarios de la obra), Wolf, el viejo amigo de Jamal, Ajita, primer amor de Jamal y parte fundamental del relato o Rafi, el hijo de Jamal, que este libro sólo puede ser lo que es: la historia de unos personajes a los que les gusta el fútbol, la literatura, la amistad y la compañía de sus hijos en un mundo terrible en el que resulta muy difícil vivir.
Con esta elocuente explicación Kureishi resume perfectamente lo que nos encontramos en estas páginas, que como dije anteriormente, lo mejor está en su prosa. Por ello es el libro más extenso que jamás escribiera, rozando las 500 páginas.
Evidentemente como toda buena obra escrita tras los atentados que se produjeron en Londres, aquel fatídico mes de julio, estos aparecen en el relato, pero sin tener nada que ver en la historia y sólo al final del libro, aunque eso sí, Kureishi, sigue posicionándose políticamente con esta nueva novela o al menos sus protagonistas.
Sin duda, toda una delicatessen literaria, que deberíamos tener en cuenta para este próximo Sant Jordi, aunque digamos sin temor a ruborizarnos que este mundo no está preparado para algo tan exquisito como esto, o al menos no sabe lo que se está perdiendo.
SALVA G.